Llueven las estrellas del cielo.Que no te sorprenda, querido amigo, pero en un atisbo se ha caído el firmamento sobre nosotros. Piden vehemencia los cielos superiores y los abismos ciegos, pero el firmamento ha decidido caer, pesado, sobre la existencia de los que son.
Llueven las estrellas del cielo.
Se nos escabulle el tiempo. Estallan los segundos y los minutos se despiden. Los meses, anecdóticos. El tiempo se pierde en un horizonte que ya no existe, pero se pierde. Se detiene el planeta y la historia ya no es, o lo es todo y se ahoga en su propia verdad. Nos hundimos en capítulos perpetuos, en un presente infinito, en un pasado que se contrae y un futuro que se disuelve.
Llueven las estrellas del cielo.
Cae la lluvia intentando alivianar nuestro pesar. Caen, también, los astros celestes. Se iluminan las ciudades y los campos, los océanos y los desiertos. Nos fundimos, obligados, con la tierra. El espacio nos comprime y nos abandona, nos deja sin dimensiones, sin saber, sin leyes y sin distancias. Se ahoga una garganta pidiendo clemencia.
Y llueven las estrellas del cielo.
Brilla la sabiduría histórica y nos hace recordar. Marcha la humanidad en una procesión dividida; cede el tiempo y grita el espacio. Filas que abrazan la tierra, la Tierra. Detienen su marcha los planetas para mirarnos.
Se extingue el sol y la vida queda en silencio. Queda sola. Se apaga la luz y todo se resume a nada.
Han llovido las estrellas del cielo.
